Costa Rica: Aprendiendo del resto de países latinoamericanos sobre transporte

Latam-costa rica: aprendiendo del resto de paises latinoamericanos sobre transporte

Las ciudades que destacan por su movilidad están cerca de conseguir la unificación total del sistema de transporte

 

En algún momento los latinoamericanos viven una experiencia común que puede denominarse presa, tranque, atasco, taco, embotellamiento, trancón…es decir, pasar horas dentro del vehículo.

 

Hacer de la movilidad uno de los retos más importantes en las urbes de América Latina nace de la falta de planificación, de la apuesta por el movimiento en coche, del incremento de la población urbana y también de la poca integración de los sistemas de transporte.

 

Y Costa Rica no es una excepción. Su flota de vehículos se incrementa a pasos agigantados de los años 80 (actualmente al 5% anual), la red de vías no es muy diferente a la de los 70 y, según se indica en el vigésimo primer informe “Estado de La Nación”, el centro del país exhibe un crecimiento radial, policéntrico y diseminado que ocasiona un flujo importante de trabajadores entre las zonas más pobladas.

 

¿Cómo deben enfrentarse los costarricenses a este problema? ¿Qué deben hacer para modernizar su transporte público? La experiencia de otros países de América Latina puede arrojar algo de luz a sus políticas de movilidad.

 

El sistema de autobuses articulados se utiliza en ciudades como Santiago (Chile), Curitiba (Brasil), Quito (Ecuador) y Bogotá (Colombia) y se basa en la creación de carriles exclusivos para autobuses. Este hecho hace que las ciudades cuenten con mayor capacidad de movimiento de personas (en Bogotá, el TransMilenio transporta a 2,2 millones de pasajeros diariamente) y la inversión sea mínima tanto en tiempo como en dinero si lo comparamos con otras modalidades de transporte. La experiencia en la zona señala que este sistema podría ponerse en marcha en etapas de 12 a 18 meses y su coste por kilómetro oscilaría entre $1 millón y $5,3 millones, muy por debajo del coste por kilómetro de un metro que está entre $65 y $207 millones.

 

En Costa Rica el sistema de transporte más utilizado continúa siendo el autobús, es utilizado por el 59% de la población para sus desplazamientos, pero este sistema cuenta con grandes problemas relacionados con el hecho que la red de autobuses no es exactamente una red.

 

En el informe “El Transporte Público en la Gran Área Metropolitana de Costa rica”, realizado por la fundación Friedrich-Eber-Stiftung, se explica que “el sistema no está pensado para combinar rutas. Cada ruta existe de manera más o menos independiente. Existen muy pocas paradas compartidas entre varia rutas, lo que significa que para llegar de un lado de la ciudad a otro no solo hay que hacer trasbordo sino que siempre hay que caminar entre 1.000 a 1.500 metros entre paradas. Además, prácticamente todas la rutas entran a los núcleos urbanos, cada día cerca de 2.500 autobuses, locales y de larga distancia, llegan al centro de San José, convirtiendo la capital en una gigantesca estación de empalme a techo abierto con autobuses parados en vías públicas obstruyendo el paso para los demás vehículos”.

 

Asimismo, algunas propuestas de mejora del servicio no están definidas. Un ejemplo es el plan de sectorización, que busca ordenar las rutas y limitar el número de vehículos que acceden a la capital, se encuentra parado desde el año 2000 debido a diferencias entre los autobuseros y el Gobierno. El cobro electrónico ha corrido la misma suerte.

 

La bicicleta es otra de las apuestas de América Latina para la movilización individual. La región cuenta con 12 ciudades que disponen de una red de más de 12.000 bicicletas públicas, según indica el Banco Mundial.

 

En Buenos Aires el impacto de la bicicleta ha sido muy importante. El secreto de este impacto radica en la construcción de una vía ciclista que une las arterias más importantes de la ciudad, además del sistema de alquiler llamado Ecobici. Unas 180.000 personas utilizan la bici en la capital argentina como medio de transporte principal o complementario de otras alternativas como puede ser el metro.

 

Otras ciudades de la región han vivido una experiencia similar: Bogotá, Río de Janeiro, Montevideo (Uruguay), Ciudad de México y Rosario y Córdoba (Argentina). Hay que señalar que en Rosario el sistema de bicicletas públicas funciona a través de la misma tarjeta de pago que los autobuses y parquímetros.

 

En Costa Rica se están centrando en la vía ciclista de Cartago y en el proyecto de ciclovía Josefina que se desarrollan en las ciudades de Montes de Oca y San José. No obstante hay que destacar que existe un atraso importante respecto a otras ciudades de la región.

 

Aquellas ciudades latinoamericanas que sobresalen en los índices relativos a movilidad urbana (Santiago y Medellín, por ejemplo) no lo hacen solo por haber construido tranvías o teleféricos, sino porque son las más cercanas de conseguir una integración total del sistema de transporte gracias a una red que comprende diversas modalidades colectivas (autobús, metro, tranvía…) y medios individuales como las bicicletas públicas.

 

Costa Rica no debe centrarse únicamente en el medio de transporte que debe fomentar, sino a la forma de crear un verdadero sistema de transporte integrado. Este es un trabajo complejo que no puede tardar más, pero que necesita de acuerdos y políticas de largo plazo.

 

Fuente: nación.com