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Este fenómeno aparece y desaparece sin causa evidente y sin que influya el tipo concreto de conductor

 

Más de una vez hemos ido circulando con nuestro coche por la carretera y, de repente, el vehículo que va delante frena bruscamente y enciende las luces de emergencia. Nuestro coche se detiene y avanza lentamente según pasa el tiempo; lo que sí se va incrementando es el desasosiego y nerviosismo entre los conductores que están parados y no ven el final de esta congestión.

 

Y, de forma repentina, el atasco desaparece, sin que se vea ningún accidente, ni un control de seguridad o cualquier otra causa que explique el porqué de haber estado casi totalmente detenidos durante mucho tiempo. Es lo que se denomina “atasco fantasma”.

 

La explicación para este fenómeno no tiene ningún tipo de relación con los sucesos paranormales, ni tampoco con la habilidad de los conductores, porque estos atascos se formarán sin poder evitarlo, incluso si las aglomeraciones están formadas por pilotos expertos de carreras con una gran destreza al volante. Pero…

 

¿Por qué se crean y desaparecen los atascos fantasma sin tener ningún motivo aparente?

 

Según la física irlandesa Laurie Winklee, “la razón es sorprendentemente simple: a la gente le cuesta mantener una velocidad constante”. En Ciencia en la ciudad (Biblioteca Nueva, 2018) explica de forma científica la manera en que se administran los fenómenos diarios en las ciudades, desde por qué los edificios aguantan un terremoto o qué sucede al accionar un interruptor eléctrico.

 

Se llega a esa conclusión en relación a los “atascos fantasmas” tras el experimento realizado por un grupo de investigadores japoneses de la Mathematical Society of Traffic Flow que quería descubrir lo que había detrás del flujo del tráfico cuando no se dan los cuellos de botella, es decir, un motivo evidente que lleva a la reducción del número de superficie por la que pasan los vehículos.

 

En el ensayo se pidió a 22 conductores que circularan por un circuito de forma circular, a una velocidad constante de 30 km/h y manteniendo siempre la misma distancia de seguridad con el coche siguiente. Aunque todos siguieron las indicaciones, el tráfico se colapsó rápidamente, quedando incluso algunos coches parados.

 

Para ver el experimento, pincha aquí.

 

Explicación al fenómeno

 

¿Cuál es la explicación para este fenómeno?. Habitualmente se mantiene una velocidad constante a base de “frenazos”, en el momento en que se percatan que están excediendo la velocidad (sea por el motivo que sea: desde la impaciencia a un despiste), frenan para compensar el incremento. Lo que provoca que el vehículo de atrás repita la operación y se vaya extendiendo a los otros, como si fuera una ola, haciendo que los coches finalmente se queden parados. Es el mismo fenómeno de las “ondas de choque”, cuando en un accidente están implicados más de dos vehículos, aunque en esta situación no se llega a dar un contacto directo.

 

En el libro Traffic, de Tom Vanderbilt, el periodista explica que “no es que vayas hacia el atasco, es el atasco el que va hacia ti”. La teoría también es defendida por un estudio de la Temple University (EE.UU) que enuncia que estas ondas suceden incluso si todas las personas implicadas en el tráfico conducen de manera perfecta. Según el matemático de esta universidad, Benjamin Seibold.

“Solemos culpar a conductores concretos, pero los modelos demuestran que estas ondas aparecen incluso si nadie hace nada mal”.

 

Fenómeno extensible a otras situaciones y una expepción

Pero este fenómeno no se da únicamente con los atascos de coches, también ocurre lo mismo con los trenes e incluso con las personas que andan por la calle o hacen cola: “independientemente de la situación de partida, los resultados observados siempre son los mismos”, remata Lawless.

 

No obstante, sí que podemos hablar de una excepción: las hormigas. Podemos observar filas de hormigas estructuradas de manera perfecta y fluida, hormigas obreras que únicamente frenan cuando se da un motivo para ello, como la caída de un objeto extraño en su “carretera” de paso. La explicación más admitida de por qué en su circulación no se dan los “atascos fantasmas” es la amplia distancia de seguridad que mantienen unas con otras: disponen de más tiempo para reaccionar ante incidentes futuros, motivo por el cual es menos probable que “frenen” de manera brusca.

 

La física Laurie Winkless sostiene que “creo que todos los conductores tenemos algo que aprender de esto”; a pesar de que para que esta medida fuera efectiva deberían ser respetada por todos los conductores que están en las carreteras. Es una hazaña que, por ahora, únicamente está en poder de las patas de las hormigas.

 

Fuente: ABC