En este momento es necesario redactar una regulación latinoamericana única de incentivo al uso de estos vehículos

Vehículos eléctricos (EV)

Muchos son los que están buscando crear una campaña, una Iniciativa Latinoamericana para Vehículos Eléctricos (ILVE), a través de la cual se aúnen estados nacionales, municipalidades, sector privado, consumidores y fabricantes de vehículos eléctricos (VE).

Es una realidad global el cambio de vehículos que se mueven gracias a combustibles fósiles a los que son eléctricos, y esta realidad está empezando a ser palpable en este hemisferio.

Las ventajas probadas de este cambio son varias: la sostenibilidad en el transporte, la disminución de las emisiones de CO2 y otros contaminantes para aplacar el cambio climático y una mejora de la calidad del aire. Sin olvidar la diversificación de las fuentes renovables de impulso en el transporte y, por ende, la disminución de la dependencia de combustibles generados desde el petróleo.

 

Ahorro

Este cambio ocasionará un gran ahorro. Según un estudio de la ONU, si la flota actual de autobuses y taxis en 22 ciudades latinoamericanas se cambiara por vehículos eléctricos, en 2030 se hubieran ahorrado aproximadamente $US 64.000 millones en combustible, además de reducir 300 millones de toneladas correspondientes de dióxido de carbono.

Para un consumidor medio, las desventajas de los EV están relacionadas con los números: los costes de la compra, altos, y una infraestructura para recargarlos que todavía se encuentra en estado embrionario. La tecnología se está encargando de la autonomía de las baterías porque se busca vender más vehículos eléctricos de menor coste y que tengan una mayor autonomía.

 

Regulación del uso de EV

Lo que en estos momentos se necesita es aclarar las ideas y crear un organismo latinoamericano que se haga cargo de la recopilación de ideas y que se encargue de redactar una regulación latinoamericana única de incentivo al uso de EV. Lo que se quiere conseguir es unir a América Latina con un objetivo: crear un mejor clima ambiental, ahorrar dinero de uso de combustibles y filtra el uso de la electricidad ya que varios países Latinoamericanos producen gas (para fabricar electricidad).

 

Las materias de la regulación común podrían ser estas:

  • No aranceles de importación de vehículos eléctricos al continente.
  • Cero impuestos municipales o subnacionales a EV por los próximos 10 años a su importación.
  • No aranceles de importación de piezas, partes, baterías y recambios para vehículos eléctricos por 10 años.
  • Restricción del 15% de las facturas de uso de electricidad para el usuario de EV.
  • Sin costes de transferencias.
  • Subsidio a las empresas privadas cuya flota de transporte público o de carga de vehículos que usen combustibles sea cambiada a EV.
  • Sin costes en peajes por 10 años.
  • Cero impuestos durante 5 años a inmuebles donde se instalen puntos de recarga de vehículos eléctricos.

Algunas de estas ideas ya han sido aplicadas en Europa.

 

Gracias a este paquete común de regulación, el producto se vería impulsado. América Latina quiere formar parte de la revolución de los vehículos eléctricos, pero indiscutiblemente necesitará de algunos incentivos.

Un ejemplo de país que ha implementado los EV es Chile, concretamente en el transporte público. Cuentan con una ministra de Energía con pensamiento moderno y además disponen de insumos, en este caso cobre y litio, para la electromovilidad.

El país busca incrementar por 10 los EV para 2022 y que el 40% de los vehículos particulares y el 100% del transporte público sean eléctricos para 2050. El presidente de Chile, Sebastián Piñera, declara que “Chile se va a transformar, después de China, en el país con mayor cantidad de buses eléctricos en el mundo”. Ese es el pensamiento que Latinoamérica necesita para evolucionar, el cometido es empezar.

 

Fuente: El deber