Con la llegada del nuevo año tenemos otra oportunidad para que las rotondas sean nuestras aliadas en el tráfico y no el origen de incidentes

 

Cómo circular en una rotonda

Parece que la rotonda continúa siendo una de nuestras asignaturas pendientes, hecho que podemos constatar diariamente al circular por ellas. Parece que encierran un misterio insondable para algunos conductores, pero no tenemos que rendirnos ante ellas. Así que, en este nuevo año, uno de los buenos propósitos podría ser aprender cómo circular en una rotonda de una vez por todas. Conseguirlo no es difícil.

En muchísimas ocasiones han sido explicadas las claves para la gestión correcta de las rotondas, pero parece que siguen siendo insuficientes a la vista de las irregularidades que se ven frecuentemente. Debemos ser conscientes de cuáles son los errores que cometemos con mayor frecuencia y que incrementan significativamente el riesgo de colisión entre los vehículos. Enumeramos aquí algunos de estos errores.

 

Maniobras incorrectas

La función de las rotondas es agilizar el tráfico en los cruces y reducir el peligro relacionado en estas situaciones, de modo que no se debe aumentar realizando maniobras para las que no se han concebido. La más habitual es el aprovechamiento del ensanchamiento de la calzada para realizar adelantamientos a su entrada o salida. El resto de conductores es muy posible que no esperen esta maniobra y el riesgo de accidente será muy alto.

 

Prioridad de paso

La prioridad en una rotonda siempre es del vehículo que ya la ocupa por delante de quienes van a acceder a ella, sin ningún tipo de dudas ni interpretaciones. En el mismo sentido, es básico el cálculo de la velocidad y posición del automóvil prioritario para que su trayectoria no se vea cortada. Así que es mucho mejor olvidarnos de una incorporación precipitada, si tenemos que esperar a que otros vehículos rebasen nuestra posición, esperaremos.

 

Uso de los carriles

Según la dirección que se vaya a tomar, deberemos ocupar un carril u otro (si hay más de uno). Lo más conveniente es usar siempre el carril exterior para girar a la derecha o seguir de frente y utilizar el interior para realizar un cambio de sentido o ir hacia la izquierda. De todos modos, la salida siempre debe hacerse inevitablemente desde el carril exterior, ocupar la posición correspondiente antes de realizar la maniobra y no cruzar de un carril a otro en el último momento (salvo en los casos en que la circulación esté dirigida convenientemente con la correspondiente señalización horizontal, las turborrotondas).

Si quieres ver el tuit de la Guardia Civil donde explica cómo hacerlo, pincha aquí.

 

Vehículos especiales

Cuando se está gestionando la circulación en una glorieta, muy a menudo olvidamos las características del resto de vehículos; este es el caso de las dimensiones de un camión o la menor visibilidad lateral y posterior de los motoristas. Si estas singularidades no son tenidas en cuenta, se incrementa de forma exponencial el riesgo de accidente.

 

Buena visibilidad

Un hábito fundamental durante la conducción, y que no deja de serlo también en este escenario, es la búsqueda de la máxima visibilidad. Mirar de lejos cuando nos acerquemos a una rotonda y realizar un “escáner” del entorno para comprender el flujo de la circulación es de gran ayuda, más de lo que imaginamos, para evitar sorpresas que puedan saldarse con un incidente.

Es cierto que a veces los obstáculos fijos (un monumento o vegetación) que encontramos en las glorietas no son de ayuda, pero esto no significa que el conductor no deba esforzarse en obtener la panorámica más amplia posible.

 

Uso de los intermitentes

En la circulación, el mal uso de los intermitentes es otra de las constantes, a veces incluso inexistente. Los indicadores de dirección son básicos también en las rotondas para que el resto de conductores conozca la intención de los vehículos que se encuentran circulando por ellas, en qué momento tomarán una salida. Por esta razón, deben ser desactivados los del lado derecho con la suficiente antelación y facilitar así que otros automóviles accedan al flujo circulatorio en el momento preciso y sin ningún tipo de peligro. No es obligatorio mantener activado el intermitente izquierdo mientras se gira en la glorieta, su uso debe ser reservado para realizar cambios de carril dentro de la misma.

 

Rectificar a tiempo

En el tráfico, basar una actitud en hechos consumados es arriesgado, rectificar cuando es posible o interrumpir una maniobra peligrosa previene muchos accidentes. Las rotondas precisamente ofrecen esta oportunidad, no se acaba el mundo si necesitamos dar una vuelta más para evitar una situación de peligro con otro vehículo.

 

Un poco de empatía

Ser amable y colaborar no está nunca de más durante la conducción, tampoco en un entorno conflictivo como una intersección, del tipo que sea. En una rotonda, si facilitamos las cosas a los demás vehículos, respetamos las distancias y señalizamos los cambios de dirección evitamos las aceleraciones innecesarias y, en definitivamente, mantenemos una actitud cívica el riesgo de colisión disminuye. Un poco de empatía con los demás siempre viene bien.

 

Fuente: El Motor. El País